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miércoles, 26 de octubre de 2011

EXPERIMENTOS PARA REALIZAR EN EL AULA

EL LÍQUIDO CAMALEÓN

Cómo hacerlo
Lo primero que necesitás es un repollo colorado que se consigue en cualquier verdulería.
Cortá varias hojas de repollo colorado en pedacitos chiquitos con la mano. No, no vamos a hacer una ensalada, quedate tranquilo. Volcalas en una olla con agua y tapalas. Pedí ayuda para poner la cacerola a hervir.
Cuando la mezcla entre en hervor, apagá el fuego y dejá enfriar todo. Te puedo asegurar que el olor que va a quedar en la cocina va a ser espantoso; el repollo larga un muy mal olor cuando lo hervís. Te recomiendo que abras la ventana, ¡o que entres con la nariz tapada!
Filtrá el líquido con un colador y recolectalo en un vaso. Podés guardarlo en una botella de plástico (ayudate con un embudo si agujerito de la botella es muy chico).
Para tu demostración, también necesitás jugo de limón y una solución de bicarbonato de sodio (el que se usa para las llagas en la boca).
Por un lado, exprimí uno o dos limones (la cantidad depende de lo jugoso que sean). La cáscara, una vez exprimido, la podés tirar, necesitamos sólo el jugo. Además, disolvé dos cucharadas de bicarbonato de sodio en un vaso de agua.
Preparando el show
Elegí tres vasos de vidrio lindos y transparentes. Llenalos con agua a la mitad y agregales una cucharada sopera a cada uno de la solución morada del repollo. Tené preparado el jugo de limón y la solución de bicarbonato en dos jarritas separadas.
Elegí tu varita magia. Puede ser cualquier instrumento que te sirva para revolver tus soluciones.
Luces, cámara, ¡acción!
Llamá a tus espectadores y sentalos viendo los 3 vasos con el líquido morado. A mi me gusta decir que es “lágrimas del ojo de un mandril, y que es muy difícil conseguirlo”. Eso llama más la atención, y hace que tus espectadores digan: “Guau, ¡este chico es un genio!”
Ahora agregale a un vaso un poco del jugo de limón, a otro el bicarbonato de sodio y al último nada. Revolvé los vasos con tu varita mágica y preparate para los aplausos…
 
 
EL SUPER MOCO
Hay pocas cosas tan lindas como jugar con un hermoso y asqueroso pedazo de moco falso: se estira, chorrea entre tus dedos...
¿Te animás a fabricarlo y a averiguar cuál es la fórmula del Supermoko Perfecto?
Precalentamiento: Cómo preparar el Supermoko
1 Prepará una solución de bórax. Para eso tenés que poner unas cucharadas de bórax en un vaso lleno de agua hasta la mitad. Asegurate de poner bórax suficiente para que, aunque mezcles bien, siempre te quede un poco de bórax en el fondo, sin disolver.

2 Prepará ahora cola de pegar diluída. Una pavada: colocá cola de pegar en otro vaso, la cantidad que quieras. Agregale un poco de agua y mezclá bien.
3 Agregá la solución de bórax (sólo el líquido, no el bórax que quedó en el fondo) a la cola diluída. Revolvé despacito y observá qué sucede con la consistencia.
¿Cómo te quedó: blando, duro, muy líquido, rebotín, en hilos y fibras?
¿Cómo se puede fabricar Supermoko de colores?
Ahora que tenés el supermoko preparado, vamos a investigar cómo encontrar la fórmula del Supermoko Perfecto. ¿Pensás que tenías que agregarle más agua? ¿Más borax? ¿Menos cola de pegar? ¡A experimentar se ha dicho!

Se acerca el verano y los heladeros se ponen muy contentos porque es su estación favorita: ¿a quién no lo gusta tomar helado en un día caluroso? Pero tienen siempre un problema: con el calor el helado se les derrite muy rápido. ¡Por suerte, existe el hielo seco!
¿Sabés qué es? ¿Nunca tomaste un helado que adentro del pote tuviera algo que se parece mucho al hielo? Es muy frío y por alguna razón extraña se llama HIELO SECO. En esta nota te proponemos estudiar y jugar con sus propiedades.
La gran competencia entre el hielo seco y el hielo común.
¡ATENCIÓN! ACLARACIÓN SUPERARCHIMEGAIMPORTANTE:
El hielo seco es un poco peligroso. No podés bajo ningún concepto tocarlo con las manos o tomártelo. Para manejar el hielo seco, ponete siempre guantes como los que usás en invierno.
¿Adónde se consigue el hielo seco? Como se usa en las heladerías para mantener fríos los helados, ese es justamente el mejor lugar para conseguirlo. Pediles un poquito en una heladería.
El hielo seco y el hielo común que ponés en tu jugo, ¿son iguales?
Te proponemos un par de experimentos para que los compares y resuelvas en qué se parecen y en qué no.
Primer Experimento
En un lindo día, pone dos platitos en una mesa al sol. En uno apoyá un hielo que hayas sacado del congelador y en el otro un poco de hielo seco. Volvé a los 15 minutos y anotá qué cambios aparecieron. ¿Qué le pasa a cada uno?
Repetí el experimento pero ahora poné cada hielo en un vaso transparente y tapalos bien con un poco de papel film. ¡Tapate los oidos!
Segundo Experimento
Llená dos vasos con agua fría, echá un poco de hielo seco en un vaso de agua fría y en el otro hielo común.
Repetí lo mismo pero con dos vasos con agua calentita (¡no te quemes! No hace falta que esté muy caliente).
Esperá un ratito mirando lo que pasa a los cuatro vasos.
¿Qué diferencias encontrás? ¿Los dos flotan? ¿Qué pasa en agua fría? ¿Y en agua caliente?
En base a tus experimentos, ¿te parece que el hielo seco y el hielo mojado están hechos de lo mismo?


























































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































¿Te animás a fabricar tu propio sifón casero para comprobar algunas propiedades de
de los gases (como el aire) y, de paso, mojarte en un día de verano?
Entonces, no te pierdas este experimento.
Cómo hacerlo
Primer desafío: Sifón de guerra
Llená aproximadamente un tercio de la botellita de plástico con algún líquido de color (agua con témpera o algún líquido coloreado que no manche, o que se puedan limpiar fácil después). También podés hacerlo con agua sola, sin colorear (¡así no haces rabiar a tu mamá que va a tener que lavar tu ropa!).
Ahora, para que no quede ningún orificio por el que pueda pasar el aire, sellá bien la tapa de la botella y el agujerito que le hiciste con un poco de plastilina.
Un secreto: si no tenés plastilina, podés hacer un poco de masa mezclando unas cucharitas de sal, unas de harina y un chorrito de agua, queda muy bien.
Por último, poné un poco de plastilina en el extremo de la pajita que quedó afuera (para que quede todo bien, bien cerrado) y hundile un escarbadientes por la mitad.
El dispositivo ya está listo ¿La parte divertida? Para que el sifón funcione tenés que calentar el agua. Lo ideal sería tener un mechero y un trípode, pero si no conseguís, pedile a algún mayor que te sostenga la botellita unos segundos sobre una hornalla prendida, a unos 30 centímetros (tené mucho cuidado de que no se derrita el plástico). Otra forma de calentar el agua es sumergir la botella en un recipiente con agua caliente, también con mucho cuidado. ¿Qué sucede?
Vas a ver como el agua comienza a subir por la pajita como si se quisiera escapar. Cuando esté por llegar arriba de todo (ojo que lo hace bastante rápido) apurate a sacar el escarbadientes, y FFFFFSSSSS, un chorro de agua va a salir con mucha fuerza (¡no te mojes!).
Segundo desafío: Sifones de experimentación
Ahora que ya jugaste un rato a la guerra de agua, te proponemos que experimentes un poco con los gases usando tu super sifón.
¿Qué pasa si la pajita no está sumergida en el líquido? ¿Te empapaste o estás más seco que antes? Ahora llená la botella de líquido hasta arriba de todo y volvé a probar. ¿Ni una gota o un baño instantáneo? ¿Cómo podrías explicar tus resultados?
Sumergí una pajita limpia en el líquido. Ahora soplá por el extremo libre de la pajita. ¿Qué pasa con el nivel del líquido? ¿Es más fácil o más difícil soplar a medida que la botella se va llenando de aire?
Volvé al modelo de sifón original y echá un poco de bicarbonato de sodio y un poco de agua en el fondo de la botella. Ahora, agregá vinagre y cerrá la botella (rápido) de manera que la punta de la pajita quede sumergida en el líquido. Agitá con cuidado y esperá. ¡OJO! Este sifón es sólo de experimentación, mucho cuidado, ¡no te mojes ni mojes a nadie con el líquido! ¿Qué pasó?

Bienvenido a la Competencia Interplanetaria del Alcance del Chorro de Agua. Antes de inscribirte te proponemos que practiques un poco.
Entrenamiento
Para empezar este entrenamiento, tenés que hacerle un agujerito a una botella vacía. Pedile ayuda a un adulto y perforen juntos con el punzón un agujerito (ni muy chico ni muy grande) en el medio de la botella y tapenlo con cinta de pintor.
Ahora llená la botella con agua y ubicala al lado de la pileta de la cocina o del baño. Dejala destapada y cuando estés listo, sacá la cinta de papel…
El chorro de agua que sale de la botella es nuestro corredor olímpico. Medí con una regla la distancia desde la botella hasta donde llega el agua. Eso se llama alcance y es el puntaje de esta competencia.
El chorrito de agua con mayor alcance es el que se lleva más puntos.
La competencia
Lo primero que necesitás es alguien con quien competir. Cuando ya tengas a tu rival, cada uno tiene que elegir el lugar de la botella como sitio de partida y el tamaño del agujero con el que quiere compatir. Con ayuda de un adulto, perforen los agujeros del tamaño que eligieron sobre la botella vacía en el lugar preferido por cada uno. Ahora tapenlos con cinta de pintor.
En sus marcas… listos… ¡ya! Saquen las cintas.
¿Quién ganó? ¿Qué chorrito tuvo más alcance? ¿Quién tuvo más puntos?
¿Por qué los chorros tienen distinto alcance? ¡Animate a experimentar un poco más!

¿Estás preparado/a para lo impredecible? ¿Te animás a desafiar las leyes de la física? Con un poco de detergente y escarbadientes en esta nota te ayudamos a convertirte en el experimentador más excéntrico del Club XP.
Ventanas de jabón
Primero tenés que armar un cuadrado con los escarbadientes y goma de caucho. Hacé 4 bolitas de goma de cauchoy usalas para conectar los escarbadientes entre sí.
Ahora vas a armar tu solución jabonosa. En un recipiente lo suficientemente grande como para que tu puño quede sumergido, mezcla agua y detergente (¡si es concentrado sale mejor!). Sumergí tu cuadrado en la solución que armaste y sacalo con cuidado.
En su interior se forma lo que se conoce como una película de jabón. Es como el vidrio de una ventana. Aunque obviamente un poco menos duro.
Si alguna vez jugaste con burbujas de jabón, esto era bastante predecible. Vamos a ver que tan buena es tu intuición.
La habitación de jabón
Ahora se complica un poco más. Tenés que transformar tu cuadrado en un cubo. Para lograrlo, armá un segundo cuadrado igual que el que ya tenés y usá cuatro escarbadientes más para conectarlos formando un cubo tridimensional.
El momento de la verdad se acerca. Sumergí el cubo en la solución jabonosa. Antes de sacarlo, ¿cómo te parece que van a formarse las películas de jabón? ¿Muy seguro/a? Sacá el cubo con cuidado de la solución y observá tu pompa de jabón.
 
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El almidón de maíz (también conocido como maicena) es una sustancia blancuzca parecida a la harina, que sirve por ejemplo para hacer esos deliciosos alfajorcitos rellenos de dulce de leche (¡ñam!).
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Seguramente sabés que el agua que tomamos es líquida, porque moja, se chorrea y cambia de forma cuando la pasás de un recipiente a otro. Y que los alfajorcitos de maicena son sólidos, porque conservan su propia forma (¡a menos que te los comas, claro!) y son duros y bien crocantes.
Pero con algunas cosas no es tán fácil decidir si se trata de líquidos o sólidos. Por ejemplo, ¿alguna vez mezclaste maicena con agua? Te proponemos investigar si esta mezcla es líquida o sólida. Tal vez enchastres un poco la cocina, ¡pero todo sea por la ciencia!

Cómo hacerlo


Colocá media taza de maicena en el recipiente. De a poco, agregá agua, mientras vas revolviendo lentamente con tus dedos. Seguí agregando agua hasta que la mezcla se sienta como un líquido.
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Anotá en tu cuaderno tus observaciones:
¿Tiene forma propia o toma la forma del recipiente?
¿Moja? ¿Fluye? ¿Es dura o blandita?

Intentá revolver rápido. ¿Qué pasa?
Tratá de sacar el dedo de golpe. ¿Qué sentís?
Colocá sobre la mezcla un pequeño juguete de plástico. ¿Flota o se hunde?

¿Cuál es tu veredicto? La mezcla está en estado líquido (como el agua de mar) o en estado sólido (como un trozo de madera, o uno de plastilina)?
¿Por qué se comporta tan raro?

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Colocá un pedazo de carne en un frasco y dejalo al aire libre sin taparlo, por lo menos una semana, en un lugar apartado. Observá el frasco todos los días, vas a ver que al cabo de un tiempo ¡aparecen unos gusanos horribles!


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Y la gran pregunta es: ¿de dónde vinieron los gusanos?
Para contestar esta pregunta parece haber dos posibilidades: o algún organismo vino y puso los huevos o los gusanos aparecieron de la nada.

Este tema del origen de estos seres fue muy debatido en la antigüedad. Mucha gente sostenía que la basura "generaba" toda clase de bichos, desde hongos y cucarachas hasta ratas. Otros pensaban que los gusanos y ratas, como los seres humanos, chanchos y gallinas, no surgen de la "nada" sino que nacen de otros seres parecidos a ellos (usualmente llamados "padres").

Para distinguir entre estas posibilidades vamos a plantear un experimento:


La Doctora Omega tiene razón: nuestro experimento consistirá entonces en dos frascos, uno sin tapar, como antes, y uno tapado pero con pequeños agujeros en la tapa que podés hacer con un clavo de punta fina, de manera que el aire pueda entrar pero los bichos que puedan poner huevos no.
Otra forma de tapar el frasco es cubriéndolo con una tela que deje pasar el aire, por ejemplo un tul.

Este es exactamente el experimento que realizó Francisco Redi en el siglo XVII y que fue un hito en la discusión sobre la "generación espontánea" de animales.
¿Qué resultados esperás obtener si la carne genera gusanos? ¿Y si los gusanos vinieron de otros organismos que pusieron huevos?
Si ya hiciste el experimento, ¿qué resultados te dio?
¡Escribí tus respuestas en la sección DEBATES !

No todas las bacterias son peligrosas como muchos creen. Muchas de ellas son de lo más beneficiosas para las personas. Algunos tipos de bacterias, por ejemplo, nos sirven para preparar cosas realmente deliciosas...
¿Te animás a fabricar yogurt con la ayuda de estos seres microscópicos?

Aunque no lo creas, el yogurt se fabrica agregándole bacterias a la leche (¡ojo, no cualquier bacteria!) “¿Y de dónde voy a sacar una bacteria?”, estarás preguntándote. De otro yogurt, claro (¿qué vivos, no?). El problema es que para tener una buena cantidad de yogurt, necesitamos tener muuuchas bacterias. ¿Y cómo podemos conseguir muuuchas bacterias? Seguramente viste que si las plantas están bien cuidadas, tienen muchas plantas hijas. Si los animales tienen una ambiente adecuado para vivir, tienen muchos animales hijos. Lo mismo sucede con todos los seres vivos. Por eso, si a las bacterias las alimentamos bien y les damos todo lo que necesitan... ¿qué va a pasar? Claro, van a tener muuuchas bacterias hijas.
Animate a comprobarlo con esta receta para fabricar riquísimo yogurt:
Muy importante. Lavate bien las manos mientras lo preparás, ¡que tus manos tienen otras bacterias, y a esas no las queremos!
Para empezar, poné a hervir (con ayuda de un adulto) un cuarto de litro de leche en un recipiente de porcelana o cerámica. Si la leche es pasteurizada, no hace falta hervirla (sólo calentarla).

Una vez que la leche hirvió, vertila en un recipiente no metálico y esperá unos minutos hasta que esté tibia.
Una vez que la leche se entibió, disolvé en ella una cucharadita de yogurt natural.
Tapá el recipiente con la mezcla de leche y yogurt y envolvelo con una toalla. Colocalo luego en un sitio cálido. Una buena idea es calentarlo con una fuente de luz: podés colocar el recipiente envuelto en la toalla en una caja
e iluminarlo con una lámpara potente.
Después de unas 12 horas, dependiendo de la cantidad de calor que le hayas dado, la mezcla estará tan espesa como una crema o una natilla. Agregale unas cucharadas de azúcar o unas gotas de esencia de vainilla y colocala directamente en la heladera.

Esperá varias horas antes de comértela (si te aguantás) y, ¡que viva el yogurt!


Casi todas las mariposas se alimentan del néctar de las flores. Y para eso primero tienen que detectar el sabor dulce del néctar, como hacés vos cuando probás un rico helado de chocolate.
¿Y quién tendrá mejor sentido del gusto, los seres humanos o las mariposas? Te proponemos un experimento para averiguarlo:
Los sentidos de los distintos animales (e incluso de las diferentes personas) tienen distintas "potencias". Los gatos, por ejemplo, pueden detectar cantidades de luz muy pequeñas que nosotros no vemos y por eso ven mejor en la oscuridad. Los perros tienen un olfato mucho más potente que el nuestro y reconocen a las personas (y a otros animales) a grandes distancias.
Para poder chupar el néctar, las mariposas poseen un extraordinario aparato bucal en forma de trompa desenrollable llamada espiritrompa, muy parecida a la cornetita de juguete que vemos en los cumpleaños. Ellas sienten el sabor dulce con las patas y, cuando detectan el néctar, desenrollan su espiritrompa para empezar a comer.
¿Y cómo averiguamos quién tiene mejor sentido del gusto? Ahí va:
Prepará suficiente mezcla de agua con azúcar como para llenar un vaso. Fijate que esté bien dulce.
Echá la mitad de la mezcla en un nuevo vaso y completalo con agua sola. Revolvé. Tu mezcla está ahora diluída por la mitad y debería ser menos dulce que la anterior (probala por las dudas).
Pasá la mitad de esta segunda mezcla a otro vaso y nuevamente agregale agua hasta llenarlo. Esta mezcla es el doble de diluída que la anterior y cuatro veces más que la primera.
Seguí diluyendo la mezcla original hasta que ya no le sientas gusto dulce.
Ahora vamos a comprobar si la mariposa es capaz de sentirle el gusto al agua azucarada que preparaste (a la que vos ya no le sentís el gusto)
Con cuidado, agarrá una mariposa de las alas. Ponete una gota del agua azucarada que preparaste en la
punta de un dedo de la mano que tenés libre.
Acercá la mariposa al agua azucarada y dejá que la toque con las patas.
¿Estira la espiritrompa? Si lo hace, quiere decir que la mariposa que tenés en tus dedos tiene un sentido del gusto más poderoso que el tuyo.
Si esto no pasa, puede haber dos razones: o que la mariposa definitivamente no detecte el sabor dulce, o que ya comió suficiente y no tiene hambre. Por las dudas, dejala descansar un rato en una caja grande y volvé a intentarlo. También podés probar con otras mariposas.
Y si te quedaste con ganas de ver la espiritrompa en acción y comprobar como degustan con las patas, ¡hacé lo mismo pero con un poco de agua bien dulce!

Importante:

Cuando experimentes con la mariposa, no la maltrates y, al terminar, dejala libre. No te olvides de que es un ser vivo.


¿Cuántos piojos puede haber en una cabeza?
¿Cuántos bichos bolita en un jardín?
¿Cuántas hormigas hay en tu cocina?
¿Cómo contás lo incontable?
Seguramente te avivaste que contar uno por uno no es la mejor solución (a menos que quieras pasarte días enteros haciéndolo). Acá te proponemos una técnica que te va a permitir responder estas preguntas de una manera muy divertida.
La trampa de hormigas
¿Te animás a contar cuántas hormigas podés atrapar en frasco?
Lo primero es cazar las hormigas. Para eso elegí algún lugar donde suela haber hormigas. Puede ser un jardín o algún árbol del barrio. En un frasco de mermelada poné un poco de azúcar, hojitas o lo que te parezca que pueda tentar a las hormigas. Si estás en un jardín enterrá el frasco para que quede a la altura del piso.
Esperá algunas horas hasta que se llene de hormigas y cerralo.
¡Advertencia!
Es muy importante que no elijas un hormiguero de hormigas rojas porque pican. Las hormigas más fáciles para trabajar son las negras que no son muy chiquitas. De todos modos, por las dudas, te sugerimos que uses guantes en los siguientes pasos.
Ahora, con una cuchara y mucho cuidado, separá 20 hormigas y ponelas en un plato hondo. Con un escarbadiente o un pincel finito y un poco de témpera blanca, haceles una pequeña marquita en el abdomen.
Es muy importante que no las lastimes. Cuando termines, devolvelas al frasco, asegurándote de que se mezclen bien con las demás.
Imaginate que ahora agarrás con la cuchara 30 hormigas. ¿Te parece que entre ellas estarán las 20 que marcaste antes? A ver... si la cantidad de hormigas era muy grande, seguramente sea más difícil que justo captures las mismas que antes, ¿no? ¿Y si en cambio había muy pocas hormigas?
En ese caso vas a recapturar muchas hormigas marcadas. Entonces, la cantidad de hormigas marcadas que haya en tu nueva captura depende del número de hormigas totales, que es lo queremos averiguar...
Ahora hacelo de verdad: levantá con la cuchara 30 hormigas y ponelas en el platito. Es importante que las hormigas que agarres sean al azar, es decir, que no intentes agarrar a propósito las que estén marcadas o las que no lo estén. Entonces contá cuántas de esas hormigas están marcadas. Supongamos que ese número es 4, por dar un ejemplo.
¿Qué nos dice ese número?
¿Podemos averiguar con ese número la cantidad de hormigas que atrapaste?
Compartí tus ideas con otros experimentadores en la sección de Debates.
 
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¿Cuánto tarda el olor de una milanesa con papas fritas en llegar desde la cocina hasta tu cuarto?
Y el de un churrasco, ¿tardará más o menos?

Veamos... Tiene que salir flotando desde la cocina, doblar en el pasillo y pasar por debajo de la puerta de tu cuarto. Digamos, unos diez minutos. ¿O serán cinco? ¿O son dos?
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Um, cuántas dudas terribles... ¿Qué tal si hacemos un experimento para ver qué tan rápido viajan los olores?
¿Y qué tal si lo hacemos AHORA?

Cómo hacerlo

Para hacer este experimento vas a necesitar a cuatro amigos. Pediles a tus amigos que se pongan en fila, separados a tres pasos largos uno del otro, y numeralos (El primero será Uno, el segundo Dos, después Tres y el último Cuatro, claro).

El amigo número Uno va a tener las fuentes de olor: la botellita de vinagre, la cebolla picada y el perfume (todos tapados). Los otros tres, que son Dos, Tres y Cuatro, tienen que taparse los ojos con una venda o pañuelo.
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Empieza el experimento...

Tras el grito de ¡YA!, número Uno destapa la cebolla, el vinagre o el perfume. Dos, Tres y Cuatro tienen que levantar la mano cuando sienten el olor.

Mientras tanto, vos tenés que medir el tiempo que tarda cada uno de los vendados en levantar la mano, y anotarlo en tu cuaderno (conviene que seas vos el que dice ¡YA!, así sabés cuándo encender el cronómetro). Si tenés un quinto amigo que te ayude a medir el tiempo, ¡tantísimo mejor!

Después, preguntales a cada uno, sin que se enteren los otros, qué olor es el que acaban de detectar (así te asegurás de que hayan olido lo correcto)

Repetí el experimento para los otros olores, y averiguá cuál es el olor que viaja más rápido. El más rápido será aquel olor que tarde menos tiempo en ser detectado por tus amigos.


Los seres humanos somos animales fundamentalmente visuales. Eso significa que usamos nuestro sentido de la vista más que cualquier otro. Sin él nos perderíamos los miles de colores y formas que componen nuestro mundo de todos los días.
Pero, a veces, nuestros ojos nos juegan malas pasadas. Con ustedes, ¡actividades para engañar al sentido de la vista!
El punto está ciego

Esta actividad es muy pero muy famosa, pero no por eso menos sorprendente...
Cierren el ojo derecho. Miren la cruz de la imagen de aquí abajo con el ojo izquierdo, a una distancia de alrededor de 25 cm (imprímanla, dibújenla en una hoja de papel o simplemente miren a la pantalla). Prueben acercándose o alejándose de la imagen, van a notar algo sorprendente...
Otra forma de explorar el mismo fenómeno es mirando el punto de la imagen que sigue, también con el ojo izquierdo (y con el derecho cerrado). Prueben variando la distancia hasta que la línea cortada se vea llena.


¿Alguna vez te preguntaste cómo digerís lo que comés? Este experimento te va ayudar a aprender un poco más.
Cómo hacerlo
Con ayuda de un adulto, sirvan un vaso de agua en una cacerola chica y pónganla a hervir con fuego bajo. Cuando esté caliente, agreguen de a poquito UNA cucharita de maicena. Revuelvan sobre el fuego 5 minutos. Dejen enfriar la mezcla.
Elegí 2 vasos de vidrio que sean iguales y rotulalos como "nada" y "saliva". A cada uno ponele unas cuchadaras de la preparación turbia que hiciste. Tratá de no juntar ningún grumo. Agregale, ahora, a cada uno una gota de Iodopovidona y revolvé.
¿Pasó algo interesante?
Ahora viene la parte asquerosa. A uno de los dos vasos le tenés que poner tu saliva. Juntá un poco de baba en la boca y escupila en el vaso. Repetilo una o dos veces más y mezclá.
Esperá unos minutos…
¿Qué pasó?
Contanos


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-"A ver, sentate derecho y respirá profuuuundo con la boca abierta. Eso es, muy bien"
¿Alguna vez te preguntaste por qué cuando vas al médico siempre te pide que respires profundo? ¿O por qué algunas veces te toma la temperatura?

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Para saber cómo anda tu cuerpo los médicos miden tus signos vitales. Estos signos son señales de que tu cuerpo está vivo: indican que respirás, que tu corazón late y que tu cuerpo tiene una temperatura adecuada.
Pero además, estos signos se alteran según la actividad que estemos haciendo. Por ejemplo, nuestro corazón no late igual de rápido si estamos sentados leyendo o corriendo una carrera.
¿Te animás a medir tus signos vitales y a investigar cómo cambian en diferentes situaciones?
Empecemos por uno de ellos, el pulso (y después seguimos con los otros, ¡no desesperes!).
El pulso
El pulso nos dice cuántas veces late el corazón en un minuto. A esto se lo llama ritmo cardíaco. Como el corazón es el encargado de bombear la sangre a todas las partes de nuestro cuerpo. Por eso, cuando late más rápido significa que más sangre está llegando a todo nuestro organismo.
Para poder saber cuál es tu ritmo cardíaco normal tenés que relajarte por unos minutos (sentate o recostate tranquilo por 3 o 5 minutos) y luego tomarte el pulso. Lo normal para un niño es entre 80 y 120 pulsaciones por minuto.
¿Dónde lo podés tomar?
Podés tomarlo en todos los lugares donde pasen las arterias: en las muñecas (donde pasa la arteria radial o cubital), en el cuello (arteria carotídea), o en el pie (arteria pedia), por ejemplo.
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Empezá así: Apoyá las yemas de los dedos índice y mayor en el área de la muñeca junto al tendón extensor del pulgar (fijate en la imagen).

No aprietes mucho para que no se obstruya el flujo de sangre.
Contá las pulsaciones durante 15 segundos, y multiplicalas por 4. Así podrás saber cuántas pulsaciones tenés por minuto. ¿Listo? ¿Cuántas pulsaciones por minuto tenés normalmente?
¿Qué pasará con tu pulso si te ponés a saltar? Probá midiendo tu pulso antes y después. Probá también medir tu pulso en distintos momentos del día. ¿Es el mismo cuando recién te levantás de dormir que luego de horas de estar despierto? ¡Probalo!
Sigamos con los otros signos vitales:


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¿Alguna vez te pusiste a pensar por qué las plantas tienen flores? ¿Será para que se las regales a las chicas cuando estás enamorado? ¿O para perfumar el ambiente en los días de primavera?

Si querés averiguarlo, no te pierdas esta nota...
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No es ninguna novedad para nadie que las plantas son seres vivos. Y, como todos los seres vivos, tienen hijos parecidos a ellas, que hacen que la especie perdure en el tiempo. En otras palabras: se reproducen.

Las flores participan en la reproducción de la planta, y por eso son tan importantes (además de lindas). Para entender un poco más, te proponemos observar las partes internas de la flor.
Investigando el interior de una flor
sEn un hermoso día de sol, salí a recoger distintos ejemplares de flores.

Observalas bien. ¿Son todas iguales? ¿En qué se parecen? ¿En qué se diferencian?

Si observaste bien tus flores, seguro notaste que son todas diferentes entre sí, grandes, chiquitas, alargadas, abiertas...



Pero si mirás bien, vas a ver que todas se parecen (aunque no sean idénticas) a esta flor modelo que te mostramos en la figura. Miralas bien y tratá de reconocer cuáles de estas partes tienen tus flores... Pero te puede pasar que muchas de las que encuentres no sean muy parecidas al modelo y a veces te encontrarás con algunas muy diferentes. En algunos casos alguna parte no está y en algunos casos una parte está duplicada o es más grande de lo normal o tiene formas extrañas. Te preguntarás por qué hay tantas variaciones y formas diferentes… ¡buena pregunta!... pero para otra investigación, hoy nos detendremos en las partes de las que tenemos.


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Elegí una flor para investigar cómo es por dentro. Para eso, vas a tener que "operarla" (mejor dicho, diseccionarla), y vas a necesitar algunos elementos.
sMuy importante: para lo que sigue, vas a necesitar la ayuda de un adulto.

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Segunda parte

Para diseccionar nuestras flores, vamos a fabricar una aguja de disección y a usar una trincheta.

s Usalos con mucho cuidado porque te podés cortar, y siempre con la ayuda de un adulto.

Cómo hacerlo

Empecemos por la aguja de disección:


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Conseguite una aguja de coser.

Luego
, tomá un bolígrafo y sacale el tanque de tinta, dejando sólo el tubito de plástico, como en la figura.





sAhora, encendé una hornalla o un mechero y, con cuidado, acercá la punta del bolígrafo de plástico al calor. Como imaginarás, el plástico comenzará a ablandarse, es el momento justo en el que tenés que tratar, con mucho cuidado, de insertar en el plástico blando la punta de la aguja. Este paso tiene que ser rápido porque en cuanto el plástico se enfría se endurece, y tenés que comenzar de nuevo.

Cuando termines (asegurate de que la aguja quedó bien fijada), dejá enfriar todo bien.

Cuando no la uses, mantenela siempre clavada en un corcho o en un trozo de telgopor para no lastimarte.

¡Ya tenés la aguja de disección! Con una trincheta a mano ya estás listo para empezar.

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Y no te olvides: USALOS SIEMPRE CON MUCHO CUIDADO Y CON LA AYUDA DE UN ADULTO.


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Tercera parte
Hora de empezar la disección de tu flor...

Lo primero que te va a llamar la atención son esas "hojitas" de colores que cubren a las demás partes de la flor. Se llaman PÉTALOS. Estos colores hacen que la flor se destaque del resto del paisaje. A los insectos estos colores les resultan muy atractivos y aprenden pronto que donde hay pétalos llamativos normalmente también hay una buena cantidad de néctar dentro de la flor.
s Además de brillantes colores, las flores también pueden tener perfume que también resulta sumamente atractivo para los insectos. Uno podría preguntarse por qué las flores tienen olores y colores llamativos y un jugo que los insectos encuentran delicioso. Es casi como si la flor estuviera tratando de llamar a los insectos.
s¿Encontraste unas hojitas verdes en la base de los pétalos? Cubrían a la flor cuando todavía era un pimpollo. Se llaman SÉPALOS.
Una vez que observaste bien los pétalos y los sépalos, arrancalos cuidadosamente con la mano desde la base, uno por uno y dejalos a un costadito.

¿Te quedó una flor desnuda mas o menos así?
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Sin vergüenzas, sigamos con nuestra investigación...
Ahora que le sacaste los pétalos y los sépalos a tu flor, vas a encontrar una estructura alargada, generalmente con forma de botellita. Con la trincheta y ayudándote con la aguja de disección (con mucho CUIDADO, y con la ayuda de un adulto), hacé un corte longitudinal (a lo largo) de esta “botellita” ¿Qué encontraste? En la base de esta botellita generalmente hay algunos globulitos pequeños. Estos globulitos se llaman ÓVULOS y con el tiempo se transforman en semillas.
¿En semillas? ¿Como las de las manzanas? Sí: las flores se transforman en frutos y los óvulos de la flor dan lugar a las semillas de las frutas.
sEn la figura anterior te mostramos cómo se vería esta parte típicamente cortada longitudinalmente. Tal vez el de tu flor sea un poco distinto, tenga más óvulos, o los óvulos no estén ubicados en el centro sino en los costados. Puede que sea más alargado, más cortito... ¿Cuántos óvulos hay en la flor que diseccionaste?
Alrededor de la botellita, vas a encontrar otros "tallitos", generalmente un poco más cortos, y en la punta de estos tallitos generalmente hay una especie de polvillo de algún color fuerte. Con frecuencia es amarillo pero también puede ser rojo, rosa o de otros colores. ¿Cuántos tallitos hay? Tocalos suavemente con el dedo, en la punta. ¿Qué descubriste?
Estos tallitos se llaman ESTAMBRES, y el polvo que contienen en la punta se llama POLEN. Si tocás las anteras se te van a quedar pegados en los dedos los granos de polen, que generalmente están cubiertos con un líquido pegajoso.
sSi tenés una lupa a mano, observá los granos de polen. ¿Cómo son?
Para que una flor se pueda transformar en fruto, el pólen tiene que tocar la punta de la botellita. Si esto no sucede, los óvulos no se pueden convertir en semillas y la flor nunca hace su fruto.
La botellita, que contiene los óvulos, es la PARTE FEMENINA de la flor. El pólen, que la fecunda, es la PARTE MASCULINA de la flor
.
Como te dijimos antes, la flor que elegiste puede no ser exactamente igual a la flor modelo que te mostramos en la figura. Por ejemplo, puede tener los pétalos fusionados (pegados entre sí, como si fueran uno solo), puede no tener sépalos o quizás los estambres están pegados a la botellita. Algunas flores, como la de nuestro ejemplo, tienen órganos femeninos y masculinos al mismo tiempo. Se llaman HERMAFRODITAS. Otras tienen solamente órganos masculinos, o femeninos, pero no los dos.

Seguramente sepas que todos los seres vivos, desde una minúscula hormiga hasta un árbol gigante, necesitamos agua para vivir. Sin agua, ningún organismo podría vivir en la Tierra.
Por eso, la contaminación del agua es uno de los problemas ambientales más serios que la humanidad está enfrentando en estos momentos.
Esta vez, te proponemos que estudies la toxicidad del agua, ¡preguntándoles a las cebollas!
El bioensayo de la cebolla
Para estudiar si el agua está contaminada o no, vamos a hacer un bioensayo. "¿Un bioqué?", te preguntarás. Un bioensayo es simplemente una prueba que se basa en un organismo vivo (bio quiere decir vida), que puede darnos información sobre lo que querramos investigar. En este caso, el organismo que vamos a usar es la cebolla. Y la cebolla nos va a decir si el agua está contaminada o no.
"¿Cómo puede una cebolla indicarnos la toxicidad del agua?", dirás vos. Lo que sucede es que, en las plantas (como la cebolla), el desarrollo de las raíces es muy sensible a la presencia de contaminantes. En otras palabras, las raíces no pueden crecer (o crecen mucho menos) en un ambiente contaminado.
En nuestro ensayo, vamos a observar, medir y comparar la longitud de las raíces jóvenes de cebollas que crecieron en un ambiente no tóxico, en uno tóxico y en un ambiente incógnita, es decir, un ambiente que no sabemos si está contaminado o no, y que queremos estudiar.
Cómo hacerlo
¿Listo para empezar? Como este experimento lleva bastante trabajo, te sugerimos que te reúnas con tus amigos, hermanos o compañeros de colegio para hacerlo entre todos. Es un experimento magnífico para tu clase de ciencias naturales (¿qué tal si se lo proponés a tu maestra?).
1Lo primero es conseguir las cebollas. Necesitás 24 cebollas comunes, de las que se consiguen en la verdulería. Tienen que ser todas aproximadamente del mismo tamaño, para poder compararlas después entre sí. Asegurate de que las cebollas quepan en la boca de los frascos con agua, que también vas a usar para el experimento, como en la figura.
Ahora tenés que pelar todas las cebollas, sacándoles la piel con cuidado para no cortar las raíces. A medida que vas pelando las cebollas, colocá los bulbos en un recipiente con agua limpia (agua embotellada). Mantenelas allí hasta que vayas a usarlas.
2 Lo segundo es conseguir los frascos. Vas a necesitar 24, así que mejor que vayas preparando el experimentos con tiempo (y que le pidas a la tía, al vecino y a todos tus amigos que te guarden los frascos).
Agrupá los frascos en conjuntos de 6. Te van a quedar, entonces, 4 grupos diferentes. Para diferenciarlos entre sí, tenés que rotularlos, hacerles una marca que los identifique. Lo más fácil es escribir con un marcador indeleble una letra sobre cada frasco que diga de qué grupo es.
En todo experimento siempre es aconsejable hacer varias repeticiones de cada medición, para estar más seguros de que lo que estamos midiendo no es producto
de la casualidad. Por eso nosotros incluimos 6 cebollas en cada grupo.
¿Ya tenés los 4 grupos de frascos, con 6 frascos cada uno? Hora de seguir...
Los 4 grupos que vamos a comparar, entonces, van a ser:
Grupo N. Es el control Negativo, es decir, el experimento que va a dar negativo garantizado porque, claro, no está contaminado. En este grupo, vamos a poner a las cebollas en un medio que seguro les permita crecer (para eso vamos a usar agua embotellada, que sabemos que no está contaminada). Este grupo nos va a permitir saber cuánto pueden crecer las raíces en agua no contaminada, y comparar con lo que sucedió en otros medios.
Grupo P. Es el control Positivo de nuestro experimento. Aquí vamos a usar un medio que seguro no permite que las raíces crezcan (un medio tóxico para las raíces). ¿Cuál va a ser ese medio? En este caso vamos a usar una solución de agua con sal, ya que se sabe que el agua muy salada inhibe el crecimiento de las raíces de la cebolla. Este grupo nos va a permitir saber qué tan poco crecen las raíces en un medio tóxico.
Para preparar la solución salina, tenés que mezclar agua con sal de mesa (o cloruro de sodio, para los amigos). La solución que vamos a usar tiene que tener de 10 g de sal por cada litro de agua. Eso significa que a 1 litro de agua tenés que agregarle 10 g de sal. A 2 litros, 20 gramos, y así sucesivamente. Te sugerimos preparar un litro de solución así te alcanza para todo el experimento (si no tenés una balanza no te pierdas El arte de pesar sin ser pesado sino son más o menos 3 cucharitas de té llenas)
Nos faltan dos grupos, entonces.
Grupo M1. Es la primera Muestra que queremos analizar. Podés, por ejemplo, investigar qué pasa con el agua de la canilla de tu casa.
Grupo M2. Es la segunda Muestra que vamos a estudiar (podés probar con tantas muestras como quieras, eso queda a tu entera inventiva). Podés probar con agua de charco, de río, de arroyo, o lo que se te ocurra.

a¡Cuidado! El agua a investigar puede estar contaminada. Por eso es importante que no la toques con tus manos, ni te toques los ojos ni la boca mientras hacés el experimento. Lavate muy bien las manos cuando termines con el experimento.
¿Listo? Los 24 frascos, entonces, deberían quedarte así:
Tercera parte
Llená los frascos de cada grupo con la solución que les correcponda, casi hasta arriba.
Grupo N: agua embotellada
Grupo P: solución de agua con sal (10g de sal/ litro de agua)
Grupo M1: muestra 1
Grupo M2: muestra de agua 2
Secá las cebollas que tenías en el recipiente con una servilleta de papel o rollo de cocina, y colocalas con cuidado sobre los frascos, con la parte de las raíces hacia el agua.
Ubicá los frascos en un lugar aireado, donde reciban la luz del sol, y dejalos 3 días. A medida que las cebollas vayan dando raíces, van a ir consumiendo el agua del frasco. Cada día, reponé con cuidado el líquido que se haya perdido en cada frasco, sin sacar demasiado la cebolla. Asegurate de completar cada frasco con el líquido que le corresponde.
Al final de los tres días, es hora de ver qué pasó...
Sacá las cebollas de los frascos, prestando mucha atención para no mezclar los grupos. Organizate con tus amigos y repártanse los grupos a medir.
De las 6 cebollas de cada grupo, observen si hay alguna cebolla con raíces mucho más cortas que el resto. En ese caso, descártenla. A veces sucede que algunas cebollas no están en buen estado, o no pueden crecer tan bien como el resto. Así nos aseguramos de que no incluir esas cebollas en nuestras mediciones.
Midan la longitud de las raíces para cada una de las cebollas que queden en el grupo, utilizando una regla. No tengan en cuenta aquellas raíces excepcionalmente cortas o largas, sino las de longitud media (que serán la mayoría de las raíces).
Calculen el promedio de las longitudes para cada cebolla, y para cada grupo, y anoten sus conclusiones en un cuadro como éste.


Largos individuales de los
manojos de raíces (mm)
Grupo N
Muestra 1
Muestra 2
Grupo P
Cebolla 1
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Cebolla 2
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Cebolla 2
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Cebolla 2
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.
Cebolla 2
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Totales
Largo total de las raíces
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Promedio
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.

Para interpretar tus resultados tenés que comparar el largo promedio de las raíces que crecieron en tu muestra con el largo de las que crecieron en el grupo N (el control con agua limpia). Cuanto más grande sea la diferencia entre tu muestra y el control, mayor será la probabilidad de que haya sustancias tóxicas presentes en el agua.
¿Qué resultados obtuviste?
¿Alguna de las dos muestras que probaste estaba contaminada?


Seguramente habrás escuchado hablar de la contaminación ambiental.
Y, seguro también, te preguntarás si el aire que estás respirando en este momento está contaminado.
Pues bien, para saberlo es necesario hacer ciertas mediciones que permitan determinar la presencia de gases tóxicos.
¿Qué tal si lo hacés vos mismo?
Necesitamos, entonces, alguna sustancia o material que nos indique si el aire está contaminado. El caucho, la sustancia que se utiliza para fabricar neumáticos de autos y de la que están hechas las gomitas o banditas elásticas, nos va a ser muy útil. Los gases tóxicos del aire contaminado afectan al caucho deteriorándolo.
Para nuestra actividad vamos a utilizar las gomitas elásticas, que son muy fáciles de conseguir.
Si las gomitas sufren algún daño con este experimento, eso significa que el aire contiene gases tóxicos, y por lo tanto, que está contaminado.
El medidor de contaminación
Cómo hacerlo
1 Doblá la percha para que quede de forma rectangular.
2 Colocá 3 o 4 gomitas en la percha como indica el dibujo. Fijate que estén ajustadas, pero no muy estiradas.

3 Colgá la percha al aire libre.

4 Observá (y anotá) qué sucede con las gomitas a lo largo de una semana (es buena idea anotar lo que sucede día por día). Usá la lupa para ver de cerca los detalles de las gomitas.
¿El caucho se deterioró? ¿Qué significa esto?
¿Con qué lo compararías para ver si hubo cambios?
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Los científicos definen al eclipse como la ocultación transitoria, total o parcial, de un astro debida a la interposición de otro astro.
¡¿Qué?!
Esto que parece muy difícil, con esta nota lo vas a entender mucho mejor.
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Dos tipos de eclipses...
Un eclipse se produce cuando un astro, como la Luna o la Tierra, se pone delante de otro y lo tapa, impidiendo que lo veamos desde la Tierra.
En un eclipse de Sol, por ejemplo, la Luna se interpone entre la Tierra y el Sol y no deja que nosotros, desde la Tierra, veamos al Sol.
También existe el eclipse de Luna: sucede cuando la Tierra se interpone entre la Luna y el Sol, y entonces a la que no podemos ver es a la Luna. Recordá de la nota Luna, lunera... que la luz de la Luna es, en realidad, la luz del Sol reflejada en ella. Si la luz del Sol no llega a la Luna, entonces ¡¡¡nunca podremos ver a la Luna!!!
Para que te quede más claro, nuevamente te proponemos que utilices un modelo similar al de la nota Luna, lunera... para ver cómo se producen los eclipses. Tenemos las 2 pelotas que representan a la Tierra y la Luna, y la linterna que representa al Sol.
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Eclipses en tu habitación
Como decíamos, el eclipse de Sol se da cuando la Luna se interpone entre el Sol y la Tierra. La Luna tapa los rayos del Sol, que no llegan a la Tierra, y ¡se hace de noche en pleno día!
El eclipse puede ser total o parcial, según si la Luna tapa al Sol por completo o sólo una parte de él. Para entenderlo mejor, mirá la figura que sigue.
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Llegó la hora de poner manos a la obra. Tomá los tres elementos del modelo, es decir, las dos pelotas que representan a la Luna y la Tierra respectivamente y la linterna que hace las veces de Sol. Buscá las posiciones correspondientes para que la bola que hace de Luna tape la luz de la linterna-Sol. ¿Listo? ¡Ya tenés un eclipse de Sol hecho y derecho!
Por otro lado, vimos que en un eclipse de Luna la Tierra se interpone entre el Sol y la Luna, impidiendo que los rayos del Sol lleguen a la Luna y sean reflejados hacia la Tierra. Por eso la Luna no se ve, aunque sea de noche.
eclipse04
Tomá los tres elementos del modelo y buscá las posiciones correspondientes para que la Tierra no deje que la luz del Sol llegue a la Luna. ¡Ahora ya tenés tu propio eclipse de Luna!
¡No te olvides de bajar las luces y las persianas para poder ver mejor el efecto que buscamos!
Una más (y no molestamos más). Imagino que a esta altura ya habrás jugado con la nota Luna, lunera... Entonces, podés responder lo siguiente: ¿en qué fase de la Luna se puede producir un eclipse solar? ¿y un eclipse lunar?
Antes de seguir adelante compartí tus pensamientos en la sección de Debates.
Si necesitás ayuda, ¡sigamos explorando!



¡Diaaaaarió… Diaaaaaarió…!
¿Sabías que el papel se produce a partir de los árboles? Más o menos se utilizan 600 árboles grandes para hacer el papel de los diarios de un solo día en una sola ciudad del mundo.
Una solución para este problema ambiental es el reciclado de papel. Reciclar papel consiste en generar nuevas hojas a partir de papel usado. En esta nota te enseñamos a hacerlo.
Marco….Pooolo….Marco….Papeeel
Para hacer hojas de papel tenés que construirte una herramienta muy sofisticada: un bastidor. Para eso vas a necesitar que te ayude un adulto. Juntos desarmen un portraretrato viejo y quedense con el marco. Corten la tela de mosquitero o la media de mujer del tamaño del marco. Apoyá el recorte sobre el marco y con chiches clavalo a los bordes del marco.
¡Cuánto más tirante quede la tela o la media, ¡mejor!
Manos a la pulpa
Lo primero que tenés que hacer es cortar con la mano el papel que vayas a reciclar en pedacitos. ¡Esta es la parte más aburrida así que pedile a un amigo/a que te ayude! Juntalo todo en una cacerola y agregale agua caliente. Dejá los pedacitos reposar un día y cambiale el agua cada tanto.
Si en tu casa hay licuadora, licuá la mezcla un minuto. Sino herví el papel en la cacerola un rato, esperá a que se enfríe y desmenuzá todo lo que puedas lo que quede de papel con la mano. Esta sopa papelona se llama pulpa de papel.
En una palangana en la que entre el bastidor, poné bastante agua y agregá la pulpa de papel.
Para evitar el enchastre, te recomendamos hacer tus papeles en el patio o el balcón de tu casa.
Para armar tu primera hoja, extendé alguna sábana o tela vieja al lado de la palangana y dejá un trapo cerca.
¡Y ahora estás listo para hacer tu papel!
Introducí el bastidor de forma vertical en la palangana y abajo del agua ponelo horizontal. Moviendo las manos revolvé el agua y levantá bien derecho el marco hasta sacarlo del agua. Dejalo escurrir.
¡Tu primera hoja de papel se formó sobre el bastidor!
Ahora, con cuidado da vuelta el bastidor con el papel sobre la sábana y apoyalo sobre ella. Con el trapo secá con cuidado la parte de atrás de la tela del marco. Cuando ya no le puedas sacar más agua, levantá el marco.
¡El papel tiene que haberse pegado a la sabana!
Lo único que falta es dejarlo secar. Cuando esté bien seco (puede tardar unos días, no te pongas ansioso), lo vas a poder despegar de la sábana.
Si querés hacer papeles artísticos, explorá más.


Papeles de artísticos
Te damos algunas ideas para que hagas los papeles más divertidos.
Para hacer papel de colores agregale tempera o anilina (muy poquito) a la pulpa de papel y dejala teñirse por unas horas.
También podes agregarle a la palangana pedacitos muy chiquitos de papeles de colores como los saca una agujereadora de papel.
También podés agregar figuritas. Recortá alguna figura que te guste o algún pétalo de flores. Armá una hoja de papel sobre la sábana. Acomodá tus figuras sobre ese papel. Armá una segunda hoja de papel y apoyala encima de la primera. ¡Es como hacer un sándwich!
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¿Qué dirías si te cuento que existen espejos transparentes?
Seguro muchas veces te viste reflejado en algún vidrio, por ejemplo en la ventana del colectivo o el subte. Probablemente también conozcas los vidrios polarizados de los autos. ¿Viste que a veces ves tu reflejo y a veces podés mirar el interior del auto?
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Un material como el vidrio polarizado nos puede servir para copiar lo que queramos y hacer los dibujos más lindos ¡como un dibujante profesional!
Construyendo el espejo artístico
Lo que vamos a usar es una lámina de acetato de color rojo. Este material es un plástico relativamente duro que actúa de modo similar al vidrio polarizado: a veces funciona como espejo y otras veces como vidrio.
Con una tijera cortá un trozo de tu hoja de acetato de aproximadamente 20 cm de ancho y 15 cm de alto.
Amasá dos cilindros de plastilina, clavá uno de los lados cortos de tu pedazo de acetato en uno de los cilindros y el otro lado corto en el otro.
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Elegí una mesa para trabajar y poné el acetato vertical. Con los dedos apretá la plastilina contra la superficie de la mesa para que quede parado como una ventana.
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Listo, ¡ya tenemos nuestro espejo artístico! Ahora hay que usarlo para copiar las figuras que queramos. Te conviene arrancar con dibujos en blanco y negro como los de historietas.
Sentate en tu lugar de trabajo de modo que el espejo quede de costado delante tuyo. Si dibujás con tu mano derecha colocá el dibujo a copiar a la izquierda del espejo y una hoja en blanco a la derecha. Si sos zurdo, poné los papeles al revés. Ubicá una lámpara del lado del dibujo a copiar.
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Una vez que hayas colocado todos los materiales y antes de empezar a copiar tu dibujo, acomodate bien. Probá mirar la lámina de acetato desde diferentes ángulos. Vas a notar que al observar desde ciertos lugares el acetato es un espejo, pero que también te permite ver tu lápiz apoyado en la hoja en blanco. Si no lográs verlo bien, acercá la luz hacia el acetato y guiñá un ojo. Intentá quedarte en la posición en que la imagen a copiar queda sobre la hoja en blanco que esta detrás del acetato.
Si ves la imagen flotando, no apoyada sobre el plano de la hoja blanca de dibujo es porque la lámina de acetato no está exactamente perpendicular a la hoja de dibujo. ¡Acomodá tu dispositivo y fijate de nuevo!
Ya estás listo para copiar tu dibujo a la hoja blanca. ¡Tratá de no moverte mucho de posición porque vas a ver que sino tu dibujo se mueve de lugar!
¿Terminaste? ¿Notás algo distinto en tu dibujo respecto del original? Comentanos qué es lo que ves haciendo click acá.
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¿Tenés ganas de ver formas y colores que te den vuelta la cabeza? ¿Y que esas formas increíbles sean tu propia creación?

En esta nota te proponemos que construyas un caleidoscopio. Y lo más importante: las formas y los colores que veas van a depender de lo que se te ocurra inventar. ¿Empezamos?
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Cómo hacerlo:
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Tomá tres espejos y colocalos uno al lado del otro mirando hacia abajo, dejando un espacio pequeño entre ellos.

Pasales dos tiras de cinta adhesiva como indica la figura, con el pegamento hacia abajo.
Dalos vuelta.
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d Tomá los espejos de los extremos y movelos hacia arriba de manera que te queden formado un triángulo, con la parte espejada hacia adentro.
Colocá el triángulo de espejos dentro del tubo de cartón. d

d Ubicá uno de los círculos de vidrios (puede ser de plástico transparente, también) en uno de los extremos del tubo.

Ahora, tomá una de las tapas de cartón y hacele un agujerito en el centro de 1 cm de diámetro. Colocala sobre el vidrio y pegala con un poco de adhesivo vinílico. Por ese agujerito veremos lo que sucede dentro del caleidoscopio.

Por el otro extremo del tubo poné otro vidrio circular, y sobre él algunas cuentas y pedacitos de plástico de colores (por ejemplo, de un collar de colores que se te haya roto). No pongas demasiadas, así pueden mover libremente y hacer el mayor número de formas posibles al girar.
Encima de las cuentas de colores colocá el el último vidrio que te quedaba, y arriba el papel manteca o de calcar.
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Para terminar, te falta ponerle la otra tapa de cartón. Pero antes, hacele un agujero un poco más grande que el de la primera tapa. Por este lado del caleidoscopio entrará la luz. ¡No pegues con adhesivo este extremo así podes ir cambiando el contenido!
¡Y ahora, el toque artístico!
Pintá el caleidoscopio con adhesivo vinílico y pegale el papel de colores intentando que no quede arrugado. ¡Qué bonito!
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¿Listo? Ya podés usar tu súper caleidoscopio. Mirá por el lado del agujero más pequeño y apuntá el otro lado hacia la luz (una ventana o una lámpara servirán muy bien) mientras lo hacés girar.

¿Qué ves? ¿Es siempre igual? Giralo y giralo, ¡vas a ver que no te aburrís nunca!

Ahora que ya jugaste un rato largo, seguro que ya querés experimentar para ver qué está pasando adentro de este objeto casi mágico que construiste.
¡Agarrá marcador y papel! Primero, escribí tu nombre en un pedacito de papel. Abrí el extremo del caleidoscopio que no cerraste y, en donde estaban las cuentas de colores, dejá el papel con tu nombre boca abajo (o sea que cuando mires por el otro extremo del tubo lo puedas leer). ¿Qué viste? ¿Se repitió muchas veces? ¿Lo pudiste leer siempre?
Probá ahora dibujando figuras geométricas, como un cuadrado, un triángulo o un círculo. ¿Qué ves en cada caso cuando lo ponés en el caleidoscopio? ¿Te animás a dibujarlo?

Y una última, ¿Qué pasa si tapás uno de los espejos con una hoja blanca? Cortá un pedazo de hoja de papel del mismo tamaño que uno de los espejos. Abrí tu caleidoscopio por el extremo que no está pegado y con cuidado poné tu papel sobre uno solo de los tres espejos del interior de manera que lo tapes. Pegá la hoja con un poco de cinta adhesiva para que después la puedas sacar. Volvé a armarlo con las cuentas de colores y mirá… ¿sigue funcionando igual? ¿Qué diferencias observás?

¿Cómo funciona el caleidoscopio?
Con tanto experimento, seguramente ya debés tener una idea que pasa adentro de tu gran instrumento. ¿Dónde está la clave del funcionamiento del caleidoscopio? Claro, en los espejos. Pero también es importante cómo están ordenados, ¿o no? ¿Te anduvo igual el caleidoscopio con uno de los espejos tapados?

Primero que nada, ¿qué hace un espejo? Produce un reflejo de las cosas que vemos. ¿Y si ponés dos espejos enfrentados entre sí? ¿Alguna vez lo hiciste? Intentalo.
¿Se te ocurre por qué pasa este fenómeno extraño? Cada espejo refleja lo que el otro espejo refleja ¿Qué? Poné tu mano entre los dos espejos. Cada espejo va a reflejar tu mano pero también la mano que aparece en el otro espejo. El resultado es un montonazo de manos en cada espejo que son ¡el reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo del reflejo (¡que cansador!) de tu mano original!
En el caleidoscopio pasa lo mismo, sólo que es un lío todavía más grande porque tenés 3 espejos que se reflejan entre sí. ¿Qué pasó con tus experimentos con tu nombre y las formas geométricas? ¿Se repitieron muchos triángulos apuntando para arriba y para abajo? ¿Tu nombre apareció orientado de muchas maneras?
Y, ¡ya te diste cuenta!, lo que sea que pongas en el triángulo que está entre los tres espejos, se refleja en los tres y se copia muchas pero muchas veces en todas las direcciones. El resultado es una gran cantidad de triángulos uno al lado del otro (como cuando pusiste tu dibujo triangular).
Con las cuentas de colores pasa lo mismo, pero el resultado es digno de una obra de arte para exponer en un museo. Cuando girás el caleidoscopio, los pedacitos de plástico cambian de lugar y se genera una imagen totalmente distinta a la anterior.
Y algo más. Acordate bien de cada imagen, ¡porque son irrepetibles! Hay tantos pedacitos de plástico que es prácticamente imposible que todos estén dos veces exactamente en el mismo lugar al mismo tiempo.

 
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¿No es asombroso ver un pájaro en medio del cielo? ¿Y que un hombre pueda imitarlo construyendo máquinas que pueden volar?

En esta nota vamos a construir
cosas pensadas para volar
aunque
no tengamos alas.
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Un paracaídas de película
Estás en la puerta del avión a mil metros de altura. Debajo tuyo sólo hay nubes y algunos pájaros que miran sorprendidos. La adrenalina te sube y te surge una duda... ¿Saltar o no saltar?

¡Asegurate de tener nuestro paracaídas!


Cómo hacerlo
sCortá 4 pedazos de hilo de 20 cm cada uno. Atá uno de los extremos de cada pedazo a cada esquina de la tela.

Tomá los extremos de los hilos que no están unidos a la tela, unilos con un poco de cinta adhesiva a la espalda de uno de tus muñecos (que no sea más grande que tu mano) y....¡Listo! Ya tenés un paracaídas hecho y derecho.

Sólo te falta aprender a usarlo.
Hacé un bollito con el paracaídas sobre la espalda de tu muñeco y dejalo caer desde el lugar más alto que encuentres (o tiralo para arriba lo más alto que puedas).

¡Cuidado, no vayas a colgarlo de un árbol o en el balcón del vecino!
¿Tu muñeco cae más rápido o más lento que sin el paracaídas? Mientras está en el aire, ¿cómo está la tela?
¿Qué pasa si le hacés agujeros con una tijera a tu paracaídas? ¿Sigue sano y salvo tu muñeco experimental ?
Si este paracaídas te gustó, no te pierdas el
 
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Un globo aerostático envidia de Julio Verne


Si alguna vez leíste el libro Cinco semanas en Globo de Julio Verne, seguro te habrás copado con sus aventuras. Si no, te recomendamos que lo leas, porque después de hacer este espectacular globo aerostático no vas a parar de querer volar.

Cómo hacerlo
s1 Poné cola vinílica a lo largo del lado más corto de una de las hojas de papel barrilete, a medio centímetro de distancia del borde aproximadamente. Pegale una segunda hoja de papel barrilete de manera que te quede una sola hoja larga. Hacé lo mismo con 5 hojas más, de manera que tengas 6 hojas largas de papel barrilete. Consejo: podés unir hojas de diferentes colores para que te quede más lindo.

2 Doblá todas las hojas por la mitad más larga, como indica la figura, y apilalas haciendo coincidir las esquinas.
s
3 Asegurate de que todos los bordes estén parejos; entonces abrochá la pila de hojas dobladas a lo largo de los bordes sueltos.

s4 Trazá una línea como en la figura y recortá por ahí todos los papeles juntos.

s5 Llegó el momento de pegarlas. Tomá una de las piezas de papel y ponela sobre varias hojas de diarios viejos. En el medio de la pieza de papel doblada, poné un papel de diario viejo (esto es para que no traspase la cola vinílica, mirá la figura). Pasá sobre uno de los bordes curvos de tu hoja de papel una fina línea de cola vinílica.

6 Pegá una segunda pieza de papel uniéndola por el borde curvo con la anterior (a esta segunda pieza también ponele en el medio una hoja de papel de diario).
s
7 Repetí los pasos 5 y 6 hasta terminar de pegar todas las piezas de papel unas con otras. Te va a quedar un acordeón de papeles doblados de un lado, y pegados por el lado curvo.

8 Dejá secar bien la cola vinílica y luego retirá el papel de diario (con mucho cuidado porque puede haberse pegado un poquito al papel barrilete). Ayudate con la tijera si es necesario.

s9 Desdoblá la última hoja de papel barrilete y ponele una fina línea de cola a lo largo de todo el borde curvo. Desdoblá la primer pieza de papel barrilete y pegala a la última como lo indica la figura. Esperá que se sequen.

10 Abrí el globo despacito y pegá cuatro tiras de hilo de 2 metros de largo a la base abierta. Atalas.

Ahora tenés todas las piezas unidas y tu globo aerostático está terminado...¡A volar!


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Tomá el secador de pelo, enchufalo y calentá el aire del interior del globo (ojo, no lo pongas muy adentro porque se puede quemar el papel). Solamente tenés que calentar el aire hasta que se infle el globo. Pedile a un amigo que sostenga el globo mientras lo hacés.


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Una vez que el aire esté caliente soltá el globo (seguí sujetándolo por el hilo siempre).


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